Uno de los modelos de Cartier Ballon Bleu
Cartier

Cartier Ballon Bleu, el carácter de un cabujón

Relojes

Nacida en el año 2007 con unos pocos relojes, la serie Ballon Bleu de Cartier apuntaba maneras. Sus detalles, su increíble belleza, la atemporalidad de sus diseños y, sobre todo, la corona adornada con un cabujón de zafiro.

Cartier se caracteriza por medir adecuadamente cada uno de los pasos que da. Analizar el mercado, sus clientes, sus necesidades, sus inquietudes y anhelos y actuar en consecuencia. Es por eso que un nuevo producto de Cartier no llega a las vitrinas de las boutiques simplemente porque es necesario crear una nueva pieza, sino que llega porque esa pieza es para alguien. Ballon Bleu, el reloj que llegó a finales de 2007, hace casi una década, sobra decir que era uno de ellos.

Una pieza elegante y distinguida, creada para sorprender a los amantes de los relojes de mayor lujo. Una creación concebida en base a pequeños detalles, discretos pero notables, pensados para marcar la diferencia y aportar esa pincelada que torna en obra de arte un simple cuadro, esa profundidad que no es aparente pero sí decisiva, que no revela su complejidad si uno no presta la necesaria atención.

Los relojes Ballon Bleu, tanto para hombres como para mujeres, se caracterizan por ser ligeros, livianos, sobresalir sus números romanos, la trayectoria que dibuja el número III y la razón que la provoca: una corona de cuerda adornada con un cabujón de zafiro. Esta se integra en la caja, adentrándose en su circunferencia, al mismo tiempo que un arco de metal precioso lo protege exteriormente.

Los modelos de la serie Cartier Ballon Bleu se confeccionan tanto en piel, acero, como en oro rosa, amarillo o blanco. Con diamantes engastados, esferas esqueletadas o guilloché.

Toni Castillo
Toni Castillo

La curiosidad a veces me pierde y la inquietud hace que me embarre. Pero sin la una y la otra no sería lo que soy. Me gusta lo sencillo, lo simple, tener respuestas y, si no las encuentro, sacar enseñanzas. Levantarse si se cae. Andar y no parar. Sin la tecnología no sería nadie, pero sin un pedazo de papel y un lápiz me encuentro perdido. De ciudad, pero de campo. De mar, pero de montaña. Hedonista de las pequeñas —y a veces grandes— cosas. Definirse no es sencillo, pero al menos lo he intentado.