Vista de perfil del Vacheron Constantin Tour De L’Ile
Vacheron Constantin

Vacheron Constantin Tour De L’Ile, un reloj con dos caras

Relojes

Tour De L’Ile es uno de los relojes que Vacheron Constantin creó para celebrar su 250 aniversario y demostrar, una vez más, que está entre las mejores firmas relojeras. La pieza, de edición limitadísima, es el reloj de pulsera más complicado del mundo.

Durante el 2005, la firma suiza Vacheron Constantin se encontraba completamente inmersa en la celebración de sus primeros 250 años de historia. Dos siglos y medio de minuciosa artesanía y precisa técnica que se propusieron festejar haciendo relojes, lo que mejor saben hacer. Y el resultado demostró, por enésima vez, cuán alto es su nivel. Tour De L’Ile, la pieza más singular que crearon, quedaba para la historia.

Más de 10.000 horas de investigaciones y desarrollos de diseñadores y relojeros de la manufactura ginebrina fueron necesarias para dejar lista una obra maestra. Una creación fruto de la más alta relojería a la que la denominación de «gran complicación» le resulta ínfima. Porque no nos encontramos frente a un reloj más dentro de la alta relojería. Este modelo, superlativo donde los haya, es el reloj de pulsera más complicado del mundo. Título más que merecido.

Las dos esferas del Vacheron Constantin Tour De L’IleVacheron Constantin

Es una inédita combinación de dieciséis complicaciones mostradas a través de las dos caras. Una sorprendente composición alojada en una caja de oro de 47 milímetros de diámetro, con un equilibrado grosor para su contenido, accionada por un calibre formado por 834 componentes. Un movimiento, fabricado especialmente como resulta natural, que ha obtenido además el Sello de Ginebra.

En la esfera principal de oro blanco con fino grabado guilloché, se identifican seis complicaciones. A las 6 horas se encuentra el mecanismo de tourbillon de sesenta segundos, distinguido por ser sumamente sutil. A las 3 se encuentra el indicador de fase de la Luna, mostrando sobre un cielo azul el satélite compuesto en oro. A su izquierda se observa un contador de dimensiones indicando el par de la sonería. En el círculo minutero ligeramente descentrado se encuentran las agujas de las horas y los minutos. A las 9 está la indicación de la reserva de marcha, y el Sello de Ginebra, grabado a mano, a las 4. Termina esta cara un pequeño contador con un segundo huso horario con graduación de 24 horas e indicación de día y noche.

Detalle de una de las esferas del reloj Vacheron Constantin Tour De L’IleVacheron Constantin

En la segunda esfera del Tour De L’Ile, como en la primera, las informaciones se muestran sutiles y elegantes, refrendando una vez más el buen gusto que caracteriza los relojes de Vacheron Constantin. En su parte superior, dispuestas en triángulo, encontramos las esferas auxiliares del calendario perpetuo, mostrando de izquierda a derecha los días de la semana, los meses y la fecha. A la 1, si el año es bisiesto, una pequeña ventana nos los indicará. En el centro, un sector dividido en partes iguales nos muestra la indicación de la ecuación del tiempo, la diferencia existente entre el tiempo solar medio y el de los relojes. A las 4 y las 8, otros dos sectores señalan la puesta y salida del sol de acuerdo a las coordenadas de Ginebra.

Y finalmente a las 6 horas, en esta segunda esfera, la joya de la corona: una carta celeste de precisión. El hemisferio norte y su cielo estrellado en pleno esplendor mostrado en tiempo real a través de una gran ventana tal y como podríamos verlo desde un telescopio. Una experiencia única que solamente siete afortunados, los siete poseedores de los únicos siete Vacheron Constantin Tour De L’Ile que se fabricaron, podrán vivir. Ver el firmamento con solo dirigir la mirada a su muñeca.

Toni Castillo
Toni Castillo

La curiosidad a veces me pierde y la inquietud hace que me embarre. Pero sin la una y la otra no sería lo que soy. Me gusta lo sencillo, lo simple, tener respuestas y, si no las encuentro, sacar enseñanzas. Levantarse si se cae. Andar y no parar. Sin la tecnología no sería nadie, pero sin un pedazo de papel y un lápiz me encuentro perdido. De ciudad, pero de campo. De mar, pero de montaña. Hedonista de las pequeñas —y a veces grandes— cosas. Definirse no es sencillo, pero al menos lo he intentado.